Glosas emilianenses: un libro imprescindible.

glosasemilianensesAlena. Collar. ALENARTE

En el Monasterio de San Millán de la Cogolla (no Cogulla, como señala una de las voces más autorizadas sobre el tema, el Padre Joaquín Peña Lerena)  se guardan las muestras de las primeras palabras en castellano y en euskera que conocemos.

Se encuentran en el llamado “códice 60″, y son las conocidas como glosas emilianenses.

Esto es conocido por todos, al menos en su generalidad de datos, todos conocen que esas palabras son, digamos, el acto fundacional de nuestro idioma.

Sin embargo, cuando nos queremos informar del tema, habitualmente topamos con libros muy técnicos, muy filológicos, llenos de datos, cifras, aclaraciones para lingüistas, que al lector sencillo y corrientito le confunden más que le explican y le dejan en la misma idea que tenía al principio.

Para fortuna de los lectores normales ha aparecido un libro absolutamente exquisito, informativo, sencillo, aclaratorio, sin veleidades técnicas, y además muy bien escrito. Es decir, con lenguaje claro, con explicación de conceptos que, a algunos les parecerán evidentes, pero que otros, no conocedores de términos propios de la filología les pueden chocar o simplemente despistarles, y con una amenidad que hace desear seguir leyendo.

El libro tiene 93 páginas, está profusamente ilustrado con fotografías del entorno de San Millán, de los códices, cantorales (libros de música) y manuscritos, además de las glosas famosas que allí se guardan.

Su autor es Juan Ángel Nieto Viguera, y su título lo dice todo: San Millán de la Cogolla.Glosas Emilianenses. Cuna de la Lengua castellana. Editado por Edilesa Esencias, en 2007.

Tiene un defecto el libro, y es que probablemente circulará en edición restringida a quien conozca de su existencia o vaya a San Millán; y es una lástima, porque merecería estar en todas las librerías del país. Pocas veces se lee algo tan bien escrito, con tanta sencillez, con tan claro lenguaje exento de pedantería y con tanto afán por motivar el entusiasmo al lector; su autor escribe de San Millán y las Glosas con tanto entusiasmo que contagia. Si desde aquí sirve para algo, nos atreveríamos a pedir desde Alenarte que sea libro a utilizar en Secundaria por los profesores de Lengua Castellana y Literatura; lo merece su autor y nuestro idioma.

Anuncios