San Millán

Publicado por CEIH

San Millán

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el conjunto monástico de San Millán de la Cogolla –Suso y Yuso- es una de la joyas artísticas e históricas más impresionantes de la Rioja.

San Millán, joven pastor

San Millán, joven pastor

Cuenta Juan B. Olarte, agustino recoleto, un día Prior del Monasterio de San Millán de la Cogolla y siempre riojano, que “todo viene del Santo: el nombre del valle y del pueblo, las devociones, el monasterio, la historia acumulada en cuadros, tallas, pergaminos, cóSadices, libros raros, bóvedas…San Millán es la fuente, el resto es el caudal. Porque no es cierto que en este rincón de La Rioja se acaben los caminos; aquí comenzaron: el camino de la unidad nacional, el de la primera europeización de España, el de la lengua común…Y tantos otros”.

Está el lugar entre campos de labor que parecen una tela remendada, flanqueado por hileras de chopos y al abrigo de la Sierra de la Demanda. Los visigodos se enseñoreaban de la Península Ibérica y aquí apacentaba el Santo su rebaño, primero de ovejas -pastor hijo de pastor, ejerció este oficio hasta los veinte años- y luego de discípulo. Nació en el año 473 en Berceo, alcanzó San Millán la friolera de 101 años en una época en que la esperanza de vida quedaba muy por debajo, y eso que ser eremita ascético no puede ser muy saludable para el cuerpo. El alimento espiritual debió de bastarle para sobrevivir en las cuevas de Aidillo, donde más adelante se construiría el Monasterio de Suso (o “de arriba”). Allí murió y fue enterrado, y con el paso de las centurias su sepulcro se convirtió en foco de peregrinación para Reyes castellanos que le encomendaban el éxito de sus batallas contra los musulmanes. Como las cosas les fueron bien a los cristianos, el prestigio del santo subió como la espuma. En 1053 la tumba fue trasladada al Monasterio de Yuso (“de abajo”). Para saber más sobre su vida y milagros, puede consultar la obra de uno de sus más ilustres biógrafos, paisano además, González de Berceo, el primer poeta en lengua castellana, autor de los “Milagros de Nuestra Señora”, clérigo secular que trabajó como Notario del Monasterio.

Las edades del templo

No verá el viajero a simple vista la parte más antigua de un complejo que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997, entre otras cosas porque los ojos se le irán al soberbio edificio de Yuso, que algunos llaman El Escorial de La Rioja. San Millán de Suso está escondido en el primer pliegue de la sierra, rodeado de una espesa vegetación y de un aura de tranquilidad. Tiene su origen en un cenobio visigodo construido a finales del siglo VI alrededor del sepulcro de San Millán. Hasta el siglo XII sufre distintas ampliaciones, incorporándose elementos mozárabes y románicos, Gran parte de la extructura que hoy puede admirarse pertenece al monasterio mozárabe que fue consagrado en 954 por García Sánchez I, primer monarca instalado en Nájera. De esta época es la galería de entrada y la nave principal de la iglesia, construida con bóvedas de estilo califal y arcos de herradura. El templo puede presumir de haber sobrevivido a una de las razias de Almanzor, que en 1002 lo incendió y destruyó parcialmente, En 1030, Sancho III el Mayor ordena su restauración y ampliación con motivo de la santificación del anacoreta milagrero. La importancia de Suso no es solo artística y religiosa, sino también lingüística y literaria: venciendo los crudos inviernos sin calefacción, de los monjes iluminaron bellos códices; uno de ellos escribió ciertas anotaciones como nuestros actuales pies de página en un castellano que daba sus primeros balbuceos.

El recinto estuvo habitado hasta el siglo XIX y, en la actualidad, es propiedad del Estado. Es independiente de Yuso. El acceso está restringido para no convertir el lugar en una romería de vehículos. El visitante puede subir caminando, pero para realizar la visita debe estar en posesión de la correspondiente entrada.

Abades del Monasterio de San Millán

Abades del Monasterio de San Millán

La leyenda de los bueyes

El Rey navarro García Sánchez III se consideraba el primer fan de San Millán y quiso trasladar sus restos al Monasterio de Santa María la Real de Nájera.

De modo que, con gran desconsuelo de los monjes, los huesos del santo fueron colocados en una carreta tirada por bueyes que partió rumbo a la Corte del Reino.

Cuando llegaron al llano, cerca del río Cárdenas, los bueyes se detuvieron y ya no hubo forma de arrancarlos de nuevo, así que el Monarca y la comitiva llegaron a la conclusión de que aquello era una señal de San Millán. Fue entonces cuando García mandó construir el Monasterio de Yuso.

Corría el año 1053

Los que desconfíen de la leyenda tienen aquí una explicación más racional: la resistencia de los monjes de Suso a ser despojados de sus reliquias e, incluso,

los ecos de resistencia civil en la comarca. El caso es que el santo bajó del monte sin alejarse demasiado de aquellas cuevas que habitó.

Durante al menos cincuenta años más coexistieron los dos

Monasterios. A partir del siglo XII sólo hay una comunidad de monjes, la benedictina, con una casa principal, la de Yuso. En el agitado siglo XIX los religiosos son expulsados varias veces, y tras la desamortización de Mendizábal el edificio es abandonado durante más de treinta años. Entre 1866 y 1868 se establece una casa de misioneros franciscanos. En 1878 es ocupado por los frailes de la Orden de Agustinos Recoletos, que permanecen hasta nuestros días.

Hubo un primer Yuso romático, como correspondía a la época de Don García; el edificio actual, de estilo herreriano, es levantado entre los siglos XVI y XVII. Poco espacio nos queda ya para describir sus tesoros, que son muchos, desde el Salón de los Reyes con sus pinturas de Juan Ricci al claustro de tantos pasos perdidos. Desde la iglesia con su soberbia rejería, el órgano, el trascoro y sus tallas, hasta la sacristía bajo un techo de coloridos frescos. Quizás le apetezca hablar con un fraile para preguntarle por sus motivos; puede solicitarlo en recepción.

 

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