Gonzalo de Berceo

El padre Juan Bautista Olarte ofreció una charla sobre el escritor riojano en el centro cultural Ibercaja

El padre Juan Bautista Olarte, bibliotecario del monasterio. / SERGIO ESPINOSA

El padre Juan Bautista Olarte, bibliotecario del monasterio de San Millán, habló el pasado 27 de mayo en el centro cultural de Ibercaja (Portales, 48 de Logroño)  sobre ‘Gonzalo de Berceo leído en su valle’. No es una conferencia al uso. Inicialmente estaba prevista la presentación del libro ‘Relectura de Gonzalo de Berceo’, asunto que ha tenido que postergarse por cuestiones propias de la edición e imprenta.

Juan Bautista Olarte se va a limitar a ofrecer una conferencia. Olarte, sin embargo, es y sigue siendo un erudito de los más cercanos y próximos del autor. «La perspectiva, decía ayer, es leer a Berceo desde su paisaje y circunstancia, lo cual ofrece algunas noticias no conocidas o no tenidas en cuenta hasta la fecha».
Contextualizar al autor más conocido y a nuestro gran referente no es baladí. Muchos están habituados hoy a hacer lo contrario. Sacar la historia de su tiempo y de su contexto para reinterpretarla con los conocimientos actuales es algo que no tiene mucho fundamento.
«Lo que pretendo hacer es encuadrar al poeta en el gótico de la primera mitad del siglo XIII, tiempo de los dos grandes papas Inocencio III y Gregorio IX, de una parte, y del emperador Federico II, de otra». Tiempos del Concilio de Letrán IV, aprobación de nuevas normas religiosas, de predicación y devociones con nuevas formas de sentir el arte, la literatura y con la creación de universidades y de una forma de universalizar el conocimiento.
La nueva literatura que le tocó vivir en su tiempo a Berceo «pretendía empalmar la herencia romana que se generó en Provenza y el norte italiano, para pasar a España e iniciar los primeros ensayos en el Estudio General de Palencia». Allí, dijo Juan Bautista Olarte, fue «donde estudio Gonzalo de Berceo como ‘sochlaris clericus’. Allí aprendió el manejo del verso alejandrino francés y la narración de los ‘roman paladinos’ o novelas de entretenimientos para los ‘palacianos’. Algo así como un antecedentes de las novelas de caballerías».
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