Los viejos marfiles en las nuevas arquetas

0-1San Millán-1 Tabla s.XVII

PERIODICO LA RIOJA

Al ponerse en marcha la comitiva a las 10 de la mañana del 12 de junio de 1944, las campanas de la Redonda repicaron a fiesta para despedir a unos santos muy riojanos que durante dos días se habían alojado entre sus muros. Bajaron a Logroño dos días antes las viejas arcas de madera desprovistas de toda la belleza que desde el S. XI adornaron las reliquias de los santos patrones: oro, plata y joyas robadas por las tropas napoleónicas en la Guerra de Independencia, y los marfiles románicos que las orlaban trasladados por la II República a Madrid el 24 de agosto de 1931 (hecho recogido por el corresponsal en Nájera del Diario LA RIOJA). Desde San Millán partieron custodiadas por el prior de Yuso, José Monasterio; el exgeneral de la Orden, Jesús Fernández; y el alcalde y teniente alcalde de la localidad, José Armas y Tarsicio Lejárraga respectivamente. En la sacristía de la Redonda se alojaron y trasladaron las reliquias de la vieja arca a la nueva, realizada en plata sobredorada por el maestro Félix Granda gracias a los donativos de los miles de devotos que entregaron, según lista publicada en Nueva Rioja, un total de 45.502 gramos de oro, 3.406 de plata y 15.164 pesetas.

El 11 de junio se ofició Misa Pontifical en la Redonda presidida por el nuncio en España, monseñor Cayetano Cicognani, y la presencia de las autoridades nacionales regionales y locales. Dos días de celebraciones y oraciones en la capital y partían de nuevo los viejos marfiles en las nuevas arcas hacia el Valle del Cárdenas en un flamante coche adornado con flores y custodiado por motoristas. Dicen las viejas leyendas urbanas que el pobre conductor del vehículo falleció al poco tiempo de la reacción alérgica que le ocasionó la cantidad de flores arrojadas en cada pueblo al paso de la comitiva. Navarrete, Nájera, Azofra, Alesanco, Cañas, Berceo (donde levantaron espectaculares arcos artísticos en homenaje a san Millán) y San Millán de la Cogolla. La llegada fue proclamada por la campanas del monasterio ‘a vuelta’ y los niños de la escuela, entre ellos José María Llorente, recuerdan como «el maestro, Don David, nos estuvo contando días antes la importancia de que los marfiles volviesen a casa y ese caluroso día nos dieron unas banderitas de España para recibir a lo largo de la calle Mayor al coche que venía cargado de flores y con las arcas en una especie de baca». Fue ver la foto que acompaña esta retina de la memoria y venirle a José María los recuerdos a borbotones, «no se me olvidará en la vida cómo vivimos ese momento, los mayores del pueblo estaban emocionados ya que ellos pelearon por que no se llevaran los marfiles y hasta pusieron carros cruzados y estaban dispuestos a todo por defender a san Millán y san Felices». Al final Misas, Te Deum y cantos para celebrar el retorno de unos viejos marfiles a una nueva arca.

Anuncios