La mirada azul de Va

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Bajo el título de ‘Mirada azul’ acaba de ser publicada una recopilación de los poemas escritos por fray Serafín Prado, agustino recoleto nacido en Estollo en 1910 y que falleció en 1987. La edición, que viene acompañada por una documentada biografía del religioso riojano, ha corrido a cargo de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de la Orden de Agustinos Recoletos.

En octubre del 2010, con ocasión del centenario de su nacimiento, se le rindió un homenaje en Estollo a fray Serafín, del que surgió la idea de reunir sus poemas en un volumen. Así, la Comisión de Publicaciones de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, de la Orden de Agustinos Recoletos, se puso manos a la obra. «No difundir su conocimiento y su ‘degustación’ sería privar a la gente de entrar en un mundo de formas bellas y de hondos sentimientos humanos y espirituales. Lo bello, como lo bueno, hay que difundirlo», afirma Francisco Javier Jiménez García-Villoslada, prior de la Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Comencemos por el principio. Serafín Prado Sáenz nació en Estollo el 12 de octubre de 1910. A los doce años ingresó en el colegio preparatorio de San José del monasterio de San Millán de la Cogolla, donde estudió hasta 1925, año en el que ingresó en el noviciado de Monteagudo. Allí en Navarra abrazó la vida religiosa como agustino recoleto con el nombre de fray Serafín Prado de la Virgen de Valvanera, aunque regresaría al monasterio emilianense para cursar tres años de filosofía y después, en Marcilla, otros dos cursos de teología. Con la llegada de la II República, en septiembre de 1931 viajó a Roma donde obtuvo la licenciatura en Sagrada Teología (1934).

Desde entonces ejerció el magisterio en España y en Venezuela de materias como Teología dogmática, Moral fundamental, Sagrada escritura, Oratoria, Hebreo bíblico y, sobre todo, Teología espiritual.

En 1977 se le detectó una diabetes, que fue minando su salud y sus fuerzas hasta que falleció en Pamplona el 19 de enero de 1987. Sus restos reposan en la capilla-panteón de los agustinos recoletos de Marcilla.

Pero Prado fue siempre un enamorado de su tierra. «La noche del 24 al 25 de agosto de 1931, cuando las autoridades civiles allanaron San Millán de la Cogolla para perpetrar el saqueo, que ellos llamaban traslado, de los marfiles emilianenses, el joven fray Serafín defendió las veneradas arquetas-relicario y, para impedir que se llevaran a Madrid la colección de marfiles, se encaró a las autoridades, sin asustarle la Guardia Civil que las escoltaban», explica Francisco Javier Jiménez.

Tan ligado estaba al valle del Cárdenas que, en 1964, Serafín Prado publicó una biografía de San Millán y de sus discípulos y, al año siguiente, en colaboración del padre Tirso Alesanco, sacó a la luz ‘Archivo abacial de San Millán de la Cogolla’, catálogo de los 1.207 documentos que describen la historia emilianense.

«Fray Serafín -prosigue el provincial- fue uno de los puntales para que San Millán fuera reconocido como cuna de la Lengua Castellana, y primer cantor de las Glosas Emilianenses, en un memorable discurso pronunciado en el Salón de los Reyes de San Millán, el 26 de septiembre de 1973, ante intelectuales de la talla de Alonso Zamora Vicente, secretario de la Real Academia».

Fray Serafín siempre tuvo el don de la palabra, bien escrita bien hablada, con sus sermones y sus poemas, sus escritos y sus clases, en salones y en púlpitos, en pueblos y en capitales, en conventos y en basílicas. Y con ese don contribuyó a difundir la devoción a la Virgen, el amor a los santos y la espiritualidad agustino recoleta.

Un religioso de vasta cultura

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«Tenía el secreto de acercar a Dios y a la Madre por las calzadas del corazón y avivó por los pueblos de La Rioja la devoción que para ella quería: recatada, silenciosa, auténtica. No fue uno más en el apostolado de la predicación. Fue conocido como ‘el predicador de Valvanera’, a quien llamaba ‘el amor de sus amores’, y en su honor compuso el himno ‘Rosa de la montaña’», explica el prior de la Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Al padre Prado le correspondió el honor de leer en El Espolón logroñés, aquel 15 de octubre de 1954, el pregón en la coronación de la patrona de La Rioja ante el entonces jefe del Estado, Francisco Franco, y demás autoridades civiles, militares y eclesiásticas.

¿Y como poeta? No es fácil definirlo, si bien el color y la luz están muy vinculados a su vocación sacerdotal. «Era un poeta religioso y mariano al servicio de Dios, de su Madre, de su tierra, de sus hijos y predilectos (los santos). En sus poemas se percibe hondura de sentimientos, belleza, gusto por lo noble y deseo de acercar a los oyentes a Dios por el camino de la belleza. Evolucionó desde la perfección formal de su primera juventud hasta una poesía de gran hondura espiritual.

También es considerado el religioso de Estollo como el gran difusor del Concilio Vaticano II entre los agustinos recoletos. De hecho, contribuyó decisivamente en la elaboración de las nuevas Constituciones de la Orden, que se reformaron en 1968. Por su valía intelectual, igualmente había sido nombrado presidente del Instituto de Espiritualidad Agustino-Recoleta desde 1964.

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