De como San Millán se convirtió en matamoros y su cueva en la cuna del español

Monasterio de YUso

PERIODICO ABC. m.arrizabalaga

San Millán de la Cogolla no dejó nada escrito a su muerte en el año 574 con 101 años. Llevó una vida de asceta en la sierra riojana de Demanda que solo abandonó por corto tiempo para hacerse cargo de la parroquia de Berceo antes de ser cesado por entregar las donaciones de la parroquia a los necesitados (acusado de malversación de fondos). Nada hacía presagiar que la humilde cueva de este ermitaño se convertiría con el tiempo en un símbolo para la lengua española.

En el Monasterio de Suso que se erigió en el lugar se escribirían las primeras palabras en romance que se conservan en la actualidad, en «un proceso de construcción de una lengua escrita que entonces no existía» y que supuso «un esfuerzo intelectual brutal de los monjes por poner por escrito una lengua que coincide casi en su totalidad con la oral». Así lo explica Javier García Turza, profesor de Historia Medieval de la Universidad de La Rioja que ha condensado el ayer y hoy de San Millán de la Cogolla en apenas 200 páginas plagadas con otras tantas fotografías de Mauricio Peña para acercar este enclave monástico.

En «El Monasterio de San Millán de la Cogolla. Una historia de santos, copistas, canteros y monjes», García Turza humaniza a cada uno de los grupos responsables de que hoy sea «un símbolo tanto para los riojanos como para el español». Gran conocedor de los monasterios emilianenses, realiza una semblanza de San Millán y de San Felices y aborda los esfuerzos de los monjes posteriores, con el Papa y los reyes navarros y castellanos, para engrandecer esas pequeñas posesiones y convertirlas en un gran dominio monástico que fue desde el Pisuerga en Valladolid hasta el río Arga en Navarra y desde la costa cantábrica hasta Soria. «La jurisdicción del monasterio ocupaba todos esos territorios de Castilla, Navarra y la actual La Rioja, aunque dentro de ellos había otros monasterios con otros dominios», explica.

«La historia que los monjes quisieron contar»

En este capítulo, basado en documentación oficial, el catedrático de la Universidad de La Rioja hace hincapié en «la historia que los monjes quisieron contar», la visión que en especial Gonzalo de Berceo, mostró para dar a conocer el monasterio en el siglo XIII. «Convirtieron a un santo eremita que fue pastor en el monte en un San Millán matamoros a imitación de Santiago, un héroe para luchar contra los musulmanes», subraya García Turza. Para sacar al monasterio de la crisis, «narraron una historia totalmente ficticia y sobrenatural, presentando a San Millán junto a Santiago y Fernán González luchando contra los musulmanes en la batalla de Simancas en el año 939 contra Abderramán III», relata el exconsejero de Cultura riojano. Esta «falsedad absoluta» se convirtió en una realidad ya que Fernán González concedería al monasterio un voto que los castellanos pagaron a San Millán de la Cogolla hasta el siglo XIX.

Toda la iconografía que queda en el monasterio, en su mayoría obras realizadas por Juan Rizzi en el siglo XVII, presenta a San Millán vestido de monje con una espada flamígera, luchando contra los moros.

De cómo San Millán de la Cogolla se convirtió en matamoros y su cueva en  cuna del español

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Libros cantorales

La construcción del monasterio primitivo de Suso y la posterior de Yuso por orden del rey García Sánchez en el siglo XI, así como las sucesivas obras de acondicionamiento y restauraciones posteriores se recogen en otro capítulo dedicado a los canteros. En estos monasterios se conservan hoy joyas como los restos rupestres eremíticos del siglo VI, la arqueta de marfil que guarda las reliquias del santo, así como tesoros bibliográficos de gran valor en la Biblioteca y el Archivo medieval.

Glosarios

Si San Millán de la Cogolla fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997 fue porque alberga los documentos escritos del español más antiguos que se conservan. Javier García Turza dedica un amplio apartado a estos primeros textos en romance del año 950, a cuyo estudio ha dedicado 12 años junto a su hermano Claudio.

«Aquí nos quedan los primeros documentos escritos de una lengua que ya no es latín». García Turza ha tratado de exponer con un lenguaje comprensible cómo fue todo aquel proceso de construcción de una lengua. «Los monjes se dieron cuenta de que estaban escribiendo en una lengua, el latín, que el pueblo desconocía. Todas las escrituras de propiedad, todos los documentos básicos, estaban escritos en una lengua que no era la suya», cuenta el catedrático en Historia Medieval. En toda Europa se despierta un interés por escribir en esa lengua hablada, en un proceso de conversión que se vive en todos los monasterios al mismo tiempo. En San Millán, como en Oña y otros centros españoles, se consigue poner por escrito una lengua que coincide casi en su totalidad con la oral, algo que no sucedió con el francés o el inglés.

Los textos escritos en San Millán han llegado hasta nuestros días porque en este enclave monástico se escribieron un mayor número de textos e incluso diccionarios. «En San Millán hay algo que no hay en el resto: los diccionarios de los que se sacaron las glosas», explica García Turza. Hay glosarios en San Millán de la Cogolla «¡de hasta 100.000 acepciones!», un hecho que el autor subraya teniendo en cuenta que el Diccionario actual de la RAE tiene 800.000 y esos textos se escribieron en el siglo X.

García Turza ha tratado de acercar al público los conocimientos que hasta ahora se tienen de este enclave en un libro para «ser leído y visto» del que se han editado 3.000 ejemplares ya a la venta. «Al final el trabajo del investigador tiene que ser una labor social», considera el autor de esta obra, cuya publicación coincide con el decimoquinto aniversario de la Fundación San Millán.

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