San Millán recupera el esplendor de su puerta de entrada, del siglo XVII

Marciel Rodríguez, ebanista restaurador de la puerta. :: EFE

Marciel Rodríguez, ebanista restaurador de la puerta. :: EFE

El Salón de los Reyes del monasterio de Yuso, una de las principales dependencias de este cenobio Patrimonio de la Humanidad, recuperará en los próximos días el esplendor de su entrada, una vez que se instale su gran puerta, de finales del siglo XVII, que ha sido restaurada en las últimas semanas.

La intervención ha buscado, principalmente, reparar los efectos de los daños que esta puerta sufrió hace un siglo, cuando se eliminó su pintura «a martillazos», lo que provocó numerosas hendiduras, algunas de dos milímetros de profundidad, según ha explicado el ebanista que la ha restaurado, Marcel Rodríguez.

Se trata de una intervención económica «modesta», de 5.000 euros, dentro de la restauración integral a la que se ha sometido al famoso monasterio de San Millán de la Cogolla, de unos 16 millones de euros, pero que, para él, pone de manifiesto que cuando se terminan los grandes proyectos siempre quedan pendientes «detalles» con los que no se había contado.

De hecho, ha explicado el restaurador, no es un caso aislado en Yuso, donde existen numerosas puertas antiguas deterioradas, que poco a poco la comunidad de los Agustinos Recoletos ha arreglado, como en este caso, que se ha realizado hace apenas un mes.

La puerta de acceso al Salón de los Reyes es de madera de olmo y nogal y está fechada entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, cuando sustituyó a una del XVI, cuyas bisagras y otras partes de metal se incorporaron a esta y aún se mantienen en ella.

Tiene dos hojas de 120 centímetros de ancho por 340 de alto, nueve «cuarterones» castellanos por hoja y en cada una de ellas se abre una cancela de acceso -aunque está inutilizada- de 180 centímetros de altura por casi un metro de ancho.

En el proceso de restauración, efectuado en Logroño, se han encontrado en la puerta con grietas con incrustaciones de piedra, lo que indica que en algún momento fue colocada en el piso, probablemente mientras se realizaban algunos trabajos en el monasterio.

Pero su principal deterioro es consecuencia de una «intervención» de hace un siglo, «de la que ninguno de los monjes se acuerda» ni está documentada, precisa el restaurador, por lo que cree que tuvo que realizarse a principios del pasado siglo. Entonces, la puerta estaba pintada y para retirar la pátina se le dieron golpes con un objeto metálico y afilado, lo que provocó graves daños, muy visibles, en la madera.

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