La esencia de La Rioja

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GUIA REPSOL

De Logroño a San Millán de la Cogolla, la ruta se impregna de las esencias de una región unida a su rico pasado. El texto más antiguo de nuestro idioma vio la luz en San Millán de la Cogolla

Bien es cierto que el chorizo riojano impregna toda la gastronomía regional, pero siendo Logroño la capital administrativa y culinaria de La Rioja, hemos decidido iniciar la ruta del principal producto de la matanza desde aquí.

Bañada por el Ebro y heredera de una fuerte mezcla cultural por emplazarse en el cruce de caminos entre la Meseta y el norte, la ciudad se reconoce desde la distancia por la concatedral de la Redonda y sus características torres gemelas. Este cuadro se completa con otros tres vértices: las iglesias de San Bartolomé, Santiago y Santa María de Palacio. Delimitan el conjunto las calles Laurel y San Juan, en cuyos bares hay tentaciones gastronómicas para todos los gustos en forma de pinchos, raciones o platos. En este aspecto, la calle Portales tampoco se queda atrás. Satisfecho el estómago, el camino prosigue hacia Nájera.

En dirección a Burgos y por la N-120, podemos admirar un peculiar paisaje que discurre paralelo al Camino de Santiago y que mezcla las figuras de los peregrinos que recorren la Ruta Jacobea con hectáreas inabarcables de vides. Atravesada por el río Najerilla, la ciudad conserva su antigua denominación de Reino de Nájera, enclave del cristianismo durante la Reconquista. Su símbolo es el monasterio de Santa María la Real, uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura religiosa de esta parte de la comunidad.

Las esencias de La Rioja

El siguiente hito de la ruta es San Millán de la Cogolla, precedida por pequeñas localidades que resumen la esencia de La Rioja: calles empedradas, frontones de piedra, bodegas, plazas angostas y el mejor chorizo curado. Estas son las características de los pueblos de Tricio, Cárdenas, Badarán y Berceo.

Apenas dejado atrás el último municipio y en un entorno exuberante enmarcado por la Sierra de la Demanda, se abre ante la mirada la localidad de San Millán de la Cogolla y el imponente monasterio de Yuso, que se completa en lo alto de la montaña con el más modesto y antiguo de Suso.

Yuso, fundado en el siglo XI y reconstruido en los siglos XVI y XVII, fue declarado en 1997 Patrimonio de la Humanidad. Durante le época medieval se erigió como centro religioso y cultural de referencia. La monumentalidad se conjuga con la colección de códices de su biblioteca, una de las más valiosas del mundo. Destaca el Códice 60, que guarda las Glosas Emilianenses, donde se reproducen algunas de las primeras palabras en castellano.

Saliendo de San Millán por la LR-331, se enfila una carretera serpenteante que comunica con el valle del Najerilla. Pasado Estollo y dejado a un lado Villaverde de Rioja, el recorrido ofrece balcones naturales a los que asomarse para disfrutar de una panorámica que se prolonga hasta la conexión con la LR-113. Esta carretera lleva hasta Baños de Río Tobía. Aquí, las casonas monumentales se mezclan con otra arquitectura: la de las fábricas donde se elabora el chorizo riojano.

Rincón del chorizo riojano

Dos son las principales notas distintivas del chorizo riojano: su aspecto y su sabor. Físicamente se presenta en forma de herradura firme y compacta con un diámetro de entre 30 y 40 milímetros. En el paladar, el uso de carne y tocino de máximas calidades, picados y aderezados con pimentón extra, sal y ajo -ingredientes que distinguen al chorizo español de todos los demás-, ofrecen una agradable textura que deja un sabor intenso, donde también juegan un papel fundamental el amasado y el secado.

Se trata de uno de los alimentos más típicos de La Rioja, donde pervive una honda tradición elaboradora de embutidos. Las nuevas tecnologías han permitido potenciar al máximo sus características y dar a conocer este chorizo al mundo.

Es un alimento energético en el que predomina una proteína de buena calidad y grasa de tipo insaturada, principalmente el ácido graso oleico. Proporciona al organismo minerales entre ellos hierro, fácilmente absorbible y zinc. Su pimentón tiene funciones antioxidantes.

Fundación Española de la Nutrición

Indicación Geográfica Protegida (I.G.P.)

Lo que hay que saber

De Logroño a San Millán de la Cogolla: señas de identidad de La Rioja

Los danzantes de Anguiano, fiesta clásica en el julio riojano

Productos de la zona. Al hablar de La Rioja es inevitable hacerlo también de vino. La economía y la cultura de la comunidad giran en torno a la Denominación de Origen Calificada y a los cientos de bodegas que pueblan la comunidad.

Qué comprar. Es fácil encontrar artículos con la iconografía surgida en torno al Camino de Santiago , uno de los atractivos culturales más importantes de La Rioja. En San Millán de la Cogolla se pueden adquirir reproducciones de los códices de los monasterios, los primeros escritos en castellano.

Mejor época para hacer la ruta. Al final del verano, el territorio riojano adquiere hermosas tonalidades ocres y pastel. Además, en esa época comienza la vendimia y es posible acudir a alguna bodega para conocer de primera mano los detalles de la recolección de la uva y elaboración del vino.

Fiestas. La tercera semana de julio se celebran en Anguiano las fiestas de Santa María Magdalena, patrona de la localidad. La festividad tiene como punto culminante el baile de los zancudos a ritmo de gaitas, que descienden por las calles del pueblo. En el mes de septiembre se celebra en el pueblo de Baños de Río Tobío el festival del chorizo.

Sorpresa. A orillas del río Tobía y a escasos kilómetros de la localidad del mismo nombre se encuentra el área de recreo El Rajao. Los hayedos y robledales, el rumor del agua, la hojarasca, el musgo y las rocas componen un escenario idílico. En otoño, la zona se tiñe de encendidos colores.

Visita obligada. Las cuevas ubicadas en lo alto de la montaña, en San Millán de la Cogolla, son el origen del monasterio de Suso. Allí se instalaron en el siglo VI los discípulos del eremita San Millán. El lugar se transformó poco a poco en un santuario donde se fueron superponiendo los estilos visigótico, mozárabe y románico. En el siglo X un monje escribió allí las primeras palabras en castellano.

Fuente: Guía Repsol.

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