P. Joaquín Peña, páginas emilianenses

Al historiar el desarrollo de la vida religiosa en la Iglesia, suelen los autores distinguir tres etapas. Al principio, los que se proponían observar los consejos evangélicos permanecían en el seno de la familia. Después, para obviar las dificultades que naturalmente tenían que encontrar viviendo entre los suyos en el mundo, buscaron la soledad en los desiertos, dando origen al anacoretismo. Finalmente, para lograr con más facilidad la perfección evangélica practicando la obediencia y, sobre todo, la caridad, se reunieron en cenobios o monasterios.